Bebés

La mejor leche, la de Mamá.

Son pocas las cosas sobre las que no hay discusión, una de ellas es que la mejor leche para el recién nacido es la de su madre. Los especialistas coinciden en que darle al bebé la de vaca significa exponerlo a más de un veintena de enfermedades.
Es cierto que la leche de vaca es un «alimento perfecto», pero no para los pequeñitos de la casa, por lo que la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda que no se dé a los niños antes de cumplir un año de edad.

Es un hecho que los recién nacidos necesitan leche y la mejor para ellos es la materna. Cuando la alimentación a través del seno no sea una opción, lo mejor son las fórmulas infantiles fortificadas con hierro.

Primordial
La AAP considera que el consumo de leche de vaca no debe sustituir el de la leche materna o las fórmulas infantiles.

En pocas palabras, no debe considerarse como la fuente principal de alimento para el primer año del bebé.

En esa edad, señalan los expertos: la alimentación de un bebé con leche de vaca conlleva el riesgo de anemia por deficiencia de hierro, alergias, diarrea, cólico, enfermedades del corazón, calambres, sangrado gastrointestinal, sinusitis, acne, frecuencia de enfermedades respiratorias, artritis, diabetes, infecciones de oído, osteoporosis y asma.

Un estudio realizado entre niños australianos que desarrollaron diabetes encontró que los alimentados con fórmulas de leche de vaca en los primeros tres meses de vida tenían 52 por ciento más posibilidades de desarrollar la enfermedad que aquellos alimentados al seno materno.

El doctor Frank Oski, director del departamento de Pediatría de la Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkins, comenta: «El hecho es que el consumo de leche de vaca se relaciona con anemia por deficiencia de hierro en los lactantes y niños es la principal causa de calambres y diarrea en gran parte de la población del mundo, así como la principal causa de alergias».

Para la doctora Christiane Northrup, ginecóloga en Yarmouth, Maine, «los lácteos son productores de mucosa y, por lo tanto, una carga en los sistemas respiratorio, digestivo e inmune».

Diferencias reales
El contenido de la leche de vaca y de las fórmulas es similar ambas contienen calorías, proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas, pero sus diferencias son determinantes al considerar las necesidades nutritivas en la dieta de un lactante.

La leche de vaca tiene demasiadas proteínas, sodio y potasio y es muy baja en sus contenidos de hierro, calcio, ácidos grasos y vitamina D con respecto a los niveles adecuados presentes en las fórmulas infantiles.

Provoca un incremento en la pérdida de flujo sanguíneo del tracto gastrointestinal cuando se suministra entre los siete y 12 meses de vida.

Las leches semi-deslactosadas y deslactosadas también son inadecuadas en la infancia, debido a su alta carga soluble al riñón, relacionada con su contenido energético.

Además, el bajo nivel de energía que estas leches brindan, con respecto a la leche materna y las fórmulas infantiles, no puede ser compensado con otra fuente.

La grasa de la leche de vaca y de las fórmulas infantiles se compone principalmente de triglicéridos, oleína, palmitina y estearina.

Sin embargo, las fórmulas de inicio contienen cantidades relativamente mayores de oleína, que es más fácil de absorber por el intestino del lactante.

Según AAP, los lactantes alimentados con fórmulas infantiles fortificadas con hierro (más de 12 mg/litro) durante el primer año de vida presentarán con mayor seguridad niveles de almacenamiento de hierro adecuados y evitarán la deficiencia de hierro entre los 12 y los 18 meses de edad. El componente vitamínico es superior en las fórmulas que en la leche.

Fuente: Sólo Ellas.