Niños

Obesidad Infantil. Parte VI

¿Sabía que la obesidad es una enfermedad crónica?

¿Sabía que altera la salud de quien la padece y predispone a la aparición de otros trastornos crónicos como la hipertensión, la diabetes, o colesterol elevado?

La obesidad es una enfermedad seria, y cuando se da entre los niños, éstos sufren desde pequeños y durante muchos años sus consecuencias físicas, metabólicas, psicológicas y sociales. Una situación que se ve reflejada no sólo en su salud sino también en su estado de ánimo.

Usted puede dar el primer paso para evitar la obesidad en sus hijos: educando a sus hijos en buenos hábitos alimenticios desde pequeños. Será un paso fundamental, ¿sabe por qué?

* Los cambios que se están dando en la alimentación y los nuevos estilos de vida son los principales desencadenantes de la obesidad y de su aumento en los últimos años.
* La infancia es la etapa de la vida en la que comienzan a establecerse los hábitos alimentarios y a partir de la adolescencia, estos hábitos adquiridos se hacen más resistentes al cambio.
* Es esencial actuar durante este periodo, la infancia, sobre la conducta alimentaria de niños y niñas, ya que las costumbres que adquieran en esta etapa van a ser determinantes de su estado de salud cuando sean adultos.

¡Como padre o madre, es una pieza clave en la educación de sus hábitos alimentarios!

La obesidad infantil: una tendencia al alza

¿Qué podemos hacer los padres y los responsables de la alimentación de los niños para remediarlo?

El principal problema nutricional que enfrenta la sociedad chilena es el exceso de peso, que presenta una prevalencia creciente desde los primeros años de vida. La cifras de obesidad al 2004 fue de 7.4% en los menores de 6 años, aumenta al 17 a 18 % en escolares de primero básico y es cercana al 25 % en adultos y adultos mayores.

Ahora si consideramos el sobrepeso más de la mitad e la población se encuentra en esa condición.

¿Cuándo se habla de obesidad infantil?

El peso y la talla son los dos parámetros más fáciles de obtener y pueden servir para conocer si el desarrollo físico de sus hijos o hijas es acorde a su edad, y si la nutrición es la adecuada.

También puede comprobar cómo una mala alimentación se ve reflejada en el peso del niño. Si la alimentación no cubre sus necesidades su peso será deficiente, y será excesivo, si toma más alimentos de los que su organismo necesita. Si el niño no se alimenta adecuadamente durante un tiempo prolongado, su talla también puede verse alterada, sobre todo durante los primeros años de vida, aunque la talla es menos sensible a las deficiencias o excesos nutricionales.

Se usa actualmente el índice de masa corporal (IMC) es la razón entre el peso expresado en kg y el cuadrado de la estatura expresada en metros
IMC es igual peso/talla2

Luego se compara con una tabla de referencia, en chile la propuesta es CDC, en que son diferentes tanto para niños como para niñas..

Finalmente el criterio de clasificación según el IMC será el siguiente:

IMC entre p10 y p85 normal.
IMC entre p85 y p95: riesgo de obesidad
IMC mayor de p95 es Obesidad

Su interpretación final ha de ser realizada por el pediatra o el médico, quien determinará si su hijo o hija presenta sobrepeso u obesidad

Los desencadenantes de la obesidad infantil

Las dietas tradicionales están siendo reemplazadas por otras en las que abundan las grasas y azúcares
Los grandes cambios en el estilo de vida que estamos experimentando están repercutiendo drásticamente en nuestra forma de alimentarnos. Las dietas tradicionales están siendo reemplazadas por otras en las que abundan los alimentos ricos en grasas y azúcares. Esto se refleja en la alimentación de los niños y niñas que toman más cantidad de alimentos de la que su cuerpo precisa y además, parte de los alimentos que consumen de más, están concentrados en calorías.

La dieta de niños y adolescentes se caracteriza por un consumo elevado de derivados lácteos (yogures, quesitos y postres lácteos), abuso de la carne (suelen consumir cada día), consumo elevado de papas fritas de bolsa y similares, consumo excesivo de zumos de frutas, de pasta y de panes especiales (de molde, queques de leche…), consumo de dulces industrial, galletas, dulces, refrescos azucarados y alimentos grasos en forma de quesos grasos, patés, mantequilla o similares; escaso consumo de legumbres, frutas y hortalizas.

¿Sabes cómo es la alimentación de tu hijo?

Entre niños y adolescentes se da la combinación de factores perfecta para que desarrollen obesidad: una alimentación inadecuada en cantidad y tipo de alimentos, unida a la tendencia que muestran a hacer menos actividad física y el mayor tiempo que dedican a actividades sedentarias como ver televisión, o jugar a los videojuegos.

Aunque sabemos que los factores hereditarios influyen en el desarrollo de la obesidad, la genética humana no ha cambiado en tan poco tiempo; de ahí que los factores ambientales o del entorno (alimentación, actividad física, estilo de vida…) jueguen un papel primordial en la aparición y desarrollo de la obesidad, tanto en el niño como en la persona adulta.

El resultado de esta combinación de factores es que tenemos cifras cercanas al 19.8% en nuestro escolares del primer año. Y lo más preocupante del tema es que la tendencia a aumentar de peso es ascendente.

La parte positiva de todo esto es que tanto los hábitos de alimentación como de estilo de vida se pueden modificar con una educación acertada, si bien es esencial que la educación esté dirigida desde los personajes clave implicados en la alimentación de los más pequeños: padres y madres, cuidadores, educadores, personal de empresas de restauración colectiva y medios de información

Lo más importante: la prevención

La obesidad tiene consecuencias sobre la salud física y emocional de los niños

Porque está demostrado que si la obesidad del niño no se trata a tiempo es probable que la sufra cuando sea adulto. A esa edad, el tratamiento plantea mayores dificultades a nivel fisiológico (obesidad hiperplásica) o de modificación de conductas alimentarias inadecuadas.

La obesidad es una enfermedad crónica y como tal está asociada a la aparición y desarrollo de diversas patologías (hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes, problemas articulares, depresión…). Esta secuencia de enfermedades, que empieza ya a asomarse en la misma infancia, se acentúa cuando la persona es adulta. Las enfermedades reducen la calidad y la esperanza de vida de la persona que las sufre.

Un niño o una niña obesa sufre física y psicológicamente su exceso de peso, y esto último, entre otras cosas, se ve acrecentado porque la sociedad demanda cada vez más estar en forma, ser competitivos o imitar modelos atléticos y con unas medidas concretas. Y para llegar a conseguir estos objetivos en muchos casos el peso de la persona es determinante.

Porque la obesidad tiene consecuencias sobre la salud física del niño: la obesidad le puede provocar problemas motrices, dificultad para respirar, trastornos cutáneos. Además, la obesidad hace más probable que sufra diabetes, trastornos cardiovasculares (hipertensión y dislipidemias o alteración de los niveles de colesterol y triglicéridos).

La obesidad tiene consecuencias sobre la salud emocional del niño o de la niña: baja autoestima, aislamiento social, discriminación e incluso patrones anormales de la conducta que le pueden facilitar, junto con otros factores, a desarrollar una bulimia o una anorexia nerviosa.

Porque un niño obeso ve limitadas sus capacidades físicas a la hora de hacer cualquier tipo de ejercicio físico.

Su tratamiento es posible y tiene recompensa: estar sano. Y en el tratamiento de la obesidad infantil, la clave está en la educación: en enseñarle al niño a comer de la manera más saludable y animarle a que haga ejercicio físico.

Porque es más fácil cambiar conductas negativas en los niños pequeños, que es cuando está estructurando su personalidad y sus patrones de conducta. Los errores dietéticos son más difíciles de cambiar cuando la persona es adulta… ¡Aunque no imposible!

Fuente: Pediatraldia.cl